Cuidado de la madre

Expectativas vs. realidad: lo que nadie te cuenta antes de empezar

Lo que la película Up me enseñó sobre educar en casa.

Por Gabriela Mamá homeschool desde hace casi una década, psicóloga de profesión · 6 min de lectura

La película

«Up» es una película animada de Pixar que sigue la historia de Carl Fredricksen, un anciano que ha vivido una vida tranquila y con sueños no realizados junto a su amada esposa Ellie. Después de su muerte, Carl se siente solo y aferrado a la casa donde compartieron sus recuerdos. Con el deseo de cumplir el sueño que ambos tenían de viajar a las Cataratas del Paraíso en Sudamérica, Carl ata miles de globos a su casa y se eleva hacia la aventura. Sin darse cuenta, un niño explorador llamado Russell se encuentra en su porche, acompañándolo en el viaje. A lo largo de la película, Carl y Russell se enfrentan a desafíos, conocen nuevos amigos, como el perro Dug y el ave exótica Kevin, y descubren la importancia de las relaciones y de abrirse a nuevas experiencias.

En un momento crucial de la película, Carl revisa el diario de aventuras que Ellie comenzó en su infancia, donde había soñado con tener grandes aventuras. Hasta ese punto, Carl pensaba que no había logrado darle a Ellie esa vida llena de viajes y aventuras que soñaban. Pero al avanzar en el diario, Carl se da cuenta de que Ellie llenó las páginas con recuerdos de su vida juntos, considerando su matrimonio y los momentos que compartieron como su mayor aventura. Este descubrimiento transforma la perspectiva de Carl: entiende que la verdadera aventura no era el viaje a las Cataratas del Paraíso, sino la vida compartida con la persona que amaba.

La experiencia de Carl con el diario de Ellie puede relacionarse profundamente con el concepto de educar en casa, especialmente desde una perspectiva más emocional.

Carl pasa gran parte de la película creyendo que no cumplió con las expectativas de aventura que Ellie tenía. Está enfocado en un ideal que no se llegó a realizar de la forma «grande» que ambos soñaban. Sin embargo, cuando descubre que Ellie consideraba su vida cotidiana juntos como su mayor aventura, Carl se da cuenta de que lo verdaderamente valioso no eran los grandes viajes, sino los momentos compartidos en el día a día.

De manera similar, en el homeschooling comenzamos con una idea o expectativa de cómo debería ser la educación, quizás imaginando grandes logros o hitos académicos. A veces nos podemos sentir presionadas o frustradas cuando el día a día no parece tan espectacular como soñábamos, o cuando nos enfrentamos a los desafíos de equilibrar la enseñanza, la crianza y las responsabilidades diarias, y aun así tener tiempo para ser esposas y cuidar de nosotras mismas.

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Sin embargo, como Carl descubre, la verdadera riqueza de educar en casa no radica en lograr esos momentos «grandes» o ideales, sino en los pequeños momentos cotidianos: las conversaciones con nuestros hijos, los descubrimientos compartidos, los cultos o devocionales familiares, los juegos y el tiempo de calidad que pasamos con nuestros hijos. El homeschooling nos permite presenciar de primera mano el crecimiento de nuestros pequeños, no solo en términos académicos, sino también en su desarrollo personal, emocional y espiritual.

Lo que imaginaba

Grandes logros académicos
Hitos visibles

Lo que quedó grabado

Conversaciones diarias
Descubrimientos compartidos
Devocionales en familia
Juegos y tiempo de calidad

La columna de la derecha tiene más piezas y cada una es más pequeña. Eso no es un fracaso: es la forma que tiene.

Así como Carl entendió que su vida con Ellie fue su gran aventura, nosotras como mamás debemos recordar que la aventura más significativa no es necesariamente la que parece grandiosa desde afuera, sino la que se construye día a día, en los pequeños momentos de amor, paciencia y enseñanza. Esos momentos son los que, al final, quedarán en la memoria de nuestros pequeños como una herencia de vida y aprendizaje: es todo ese proceso el que se les quedará grabado en sus corazones.

La Palabra de Dios nos enseña la importancia del proceso en transmitir a nuestros hijos la sabiduría y la fe día a día:

«Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.»

Deuteronomio 6:6-7

Este versículo destaca que la enseñanza más valiosa ocurre en los momentos cotidianos, en las conversaciones diarias y en la convivencia familiar, tal como Carl descubre que los momentos simples con Ellie fueron su verdadera aventura y su más preciado tesoro.

En Proverbios 22:6 se nos exhorta sobre la formación y el legado que los padres dejan a sus hijos:

«Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.»

Proverbios 22:6

Y en el Salmo 127:3 se nos enseña el valor de los hijos y el propósito de criarlos:

«He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre.»

Salmo 127:3

Este versículo enfatiza el valor y la bendición que son los hijos, y cómo cada pequeño momento de enseñanza forma parte de la herencia que Dios ha confiado a los padres.

Estos versículos nos ayudan a ver el valor en los pequeños momentos, aun cuando nadie vea lo que hacemos, lo cansada que a veces estamos, las preocupaciones, la paciencia que debemos tener en la enseñanza que muchas veces se nos pone a prueba. Sin embargo, así como Carl llegó a entender que la vida diaria con Ellie era su verdadera aventura, estos versículos resaltan el impacto a largo plazo de lo que enseñamos, recordándonos que cada pequeño esfuerzo tiene un valor eterno en la vida de nuestros pequeños.

Si algo he aprendido en este camino es que la fidelidad en lo pequeño no es un premio de consuelo — es el llamado mismo. «El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel» (Lucas 16:10). Ese día en que nadie ve lo que hiciste, en que la lección salió torcida, en que solo lograste leer un cuento antes de dormir: ese día también cuenta para Dios. Gabriela

Si deseas, puedes dejar un comentario y compartir tu experiencia. Gracias por leer — te invito a seguir revisando este espacio. Dios te guarde.

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