Cuidado de la madre Parte 1 de 2

Autoestima: el problema del amor propio excesivo

El problema: entre el orgullo y el descuido.

Por Gabriela Mamá homeschool desde hace casi una década, psicóloga de profesión · 6 min de lectura

En la actualidad, la autoestima se ha convertido en un tema central en la crianza y la educación. Desde una edad temprana, los niños son bombardeados con mensajes que les dicen: «Cree en ti mismo», «Eres suficiente» o «Lo más importante es amarte a ti mismo».

El concepto de la autoestima y el equilibrio entre amar al prójimo y cuidarse a uno mismo son temas que desafían a muchos padres cristianos, especialmente en la crianza de sus hijos. Queremos que nuestros hijos crezcan con confianza, pero también sabemos que el corazón humano es engañoso (Jeremías 17:9). Entonces, ¿cómo podemos enseñarles una visión equilibrada del amor propio según la Biblia?

Mientras que la cultura moderna promueve un amor propio excesivo, también es común ver a padres y madres cristianos que se postergan continuamente hasta el agotamiento, creyendo que esto es espiritual. Ambos extremos pueden desviarnos del diseño de Dios. Aquí exploraremos un enfoque bíblico equilibrado con ejemplos prácticos y bíblicos para que como padres podamos enseñar y modelar estas verdades a nuestros hijos.

Un extremo

Amor propio excesivo

Egoísmo, arrogancia, autosuficiencia.

Esta parte

El diseño de Dios

Mayordomía

Cuidar el cuerpo como templo del Espíritu Santo, administrar el tiempo y la energía, tomar pausas, descansar en Dios y poner límites saludables.

El otro extremo

Postergarse hasta el agotamiento

Físico, emocional y espiritual.

Parte 2

Los tres bloques están tomados de los párrafos de arriba y de la sección «Descuidarse a sí mismo», en los términos en que Gabriela los describe.

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¿Autoestima o negación de sí mismo? Un enfoque bíblico

Preguntas como: ¿si no nos amamos a nosotros mismos primero, no podemos amar a otros? ¿Qué pasa cuando una persona constantemente se sacrifica al punto de descuidar su salud física, emocional y espiritual? ¿Es esto bíblico?

Jay E. Adams, en su libro La visión bíblica de la autoestima, advierte que la idea de «amarse a uno mismo» tal como se promueve hoy tiene raíces seculares y humanistas. Estas ideas han estado tomando peso durante muchos años y han sido traídas desde la psicología, enseñanzas que han llegado a todos lados y que no son bíblicas, pero que muy pocos cuestionan — como psicóloga puedo dar fe de esto. Pasajes como Mateo 22:39 («Amarás a tu prójimo como a ti mismo») se han interpretado erróneamente como un mandato para desarrollar la autoestima (concepto que realmente no aparece en ningún lado en las Escrituras). Adams aclara que la Biblia presupone que ya nos amamos a nosotros mismos naturalmente, a menudo de manera excesiva, y nos llama a redirigir ese amor hacia Dios y nuestro prójimo.

Bíblicamente, el verdadero problema del ser humano no es la falta de autoestima, sino un amor propio desordenado que lo lleva a colocarse en el centro de su vida, buscando satisfacer sus deseos y exaltarse por encima de Dios y los demás. Este desorden se manifiesta de diversas formas, como el egoísmo, la arrogancia y la autosuficiencia, pero también en el extremo opuesto: la desesperanza y la depresión cuando la vida no se ajusta a nuestras expectativas. En ambos casos, el problema central es el mismo: un corazón enfocado en sí mismo en lugar de en Dios. Solo cuando nuestra identidad y valor se anclan en Cristo, encontramos verdadera paz y propósito.

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Descuidarse a sí mismo

Sin embargo, mientras algunos caen en el error del amor propio excesivo, otros enfrentan el problema opuesto: postergarse continuamente y descuidar su bienestar. Este extremo tampoco es bíblico, ya que podemos caer en el agotamiento físico, emocional y espiritual, perdiendo de vista el propósito de glorificar a Dios en todas las áreas de nuestra vida.

La Biblia nos llama a cuidar nuestro cuerpo como templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19-20), a practicar la mayordomía de nuestros recursos y talentos (incluidos nuestro tiempo y energía), y a descansar en Dios. Esto incluye tomar pausas necesarias, recargar nuestras fuerzas y establecer límites saludables. Incluso Jesús, en su ministerio, apartaba tiempo para orar y descansar (Marcos 6:31-32).

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Ejemplos prácticos

Ejemplo de un padre centrado en sí mismo

Imagina a un padre que prioriza constantemente su tiempo personal y sus placeres sobre las necesidades de su familia. Dedica horas al gimnasio, redes sociales o hobbies, pero se siente irritado cuando sus hijos buscan ayuda con la tarea o necesitan atención emocional. En este caso, el amor propio está desordenado, afectando su responsabilidad como líder espiritual y proveedor emocional.

Filipenses 2:3-4 nos recuerda:

«No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás»

Filipenses 2:3-4

Este pasaje muestra que el problema del corazón humano no es pensar demasiado poco de sí mismo, sino pensar demasiado en sí mismo, ya sea en términos de orgullo o desesperanza.

Debes considerar que el orgullo y la depresión son dos caras de la misma moneda. El orgullo no siempre se manifiesta en arrogancia; muchas veces, aparece como desesperación cuando la persona se da cuenta de que no puede controlar su vida o alcanzar sus propias expectativas. La depresión, cuando no tiene una causa física evidente, muchas veces refleja un corazón centrado en sí mismo, ya sea lamentando lo que no tiene o temiendo lo que podría perder.

La raíz de muchas luchas emocionales es una expectativa falsa sobre la vida. Cuando nuestro propósito está basado en la comodidad, el éxito o la aprobación de otros, cualquier fracaso nos lleva al desánimo. En contraste, cuando nuestro enfoque está en la gloria de Dios, encontramos gozo y estabilidad, incluso en medio de las pruebas.

Ejemplo bíblico

Jesús mismo modeló el sacrificio perfecto al lavar los pies de sus discípulos (Juan 13:12-15), un acto que refleja humildad y servicio, desafiándonos a vivir para servir a otros, especialmente a nuestra familia.

Ya vimos el problema del amor propio excesivo. En la segunda parte, el otro extremo — el descuido personal — y cómo vivir el equilibrio bíblico entre ambos. (Continúa en la Parte 2)

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Parte 2: el otro extremo y el equilibrio bíblico

Esta primera parte desarma el amor propio excesivo. La segunda va al extremo opuesto —el descuido personal— y a cómo vivir el equilibrio entre ambos.

Leer la Parte 2 →

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