Homeschooling práctico

Exámenes libres: un llamado a la comprensión

Por qué la empatía hacia los profesores también es parte de nuestro testimonio.

Por Gabriela Mamá homeschool desde hace casi una década, psicóloga de profesión · 8 min de lectura

En un mundo donde la educación adopta formas cada vez más diversas, los profesores enfrentan retos que exigen comprensión. Esto es especialmente evidente en el caso de los exámenes libres, donde los docentes deben dedicar tiempo y esfuerzo adicional a evaluar a niños que no forman parte de su sistema escolar cotidiano.

Como padres que hemos optado por la educación en casa, solemos centrarnos en alcanzar nuestras metas educativas y cumplir con el trámite de los exámenes libres. Sin embargo, no siempre reflexionamos sobre el esfuerzo adicional que esta tarea representa para los profesores. Muchos de estos docentes, especialmente aquellos con verdadera vocación (a quienes dirijo estas palabras), ya enfrentan una carga considerable al atender a sus propios alumnos y satisfacer las exigencias laborales de los establecimientos donde trabajan. Además, en la mayoría de los casos, esta labor extra no es reconocida ni recompensada con beneficios adicionales.

Cómo funciona en Chile

En Chile, según lo investigado en páginas oficiales, los colegios que toman exámenes libres no reciben beneficios económicos adicionales, bonos ni financiamiento directo por esta labor por parte del Ministerio de Educación (MINEDUC). La administración de estos exámenes recae en el MINEDUC, que actúa como entidad certificadora a través de la División de Educación General o las SEREMI. Sin embargo, los establecimientos que funcionan como sede para estos exámenes no cuentan con una asignación presupuestaria específica que cubra esta función.

Aunque he sabido de casos aislados en los que algunos colegios optan por pagar un extra a los docentes involucrados, esta no es una práctica generalizada ni respaldada oficialmente por un presupuesto estatal. Este contexto genera ciertas tensiones que no siempre son evidentes, pero que afectan tanto a los docentes como a las familias homeschoolers.

Quiero señalar esto porque, a través de contactos con el sistema escolar, he sabido de situaciones en las que directores de escuelas libres han adoptado actitudes exigentes hacia los establecimientos que administran los exámenes. En algunos casos, han solicitado cosas que no corresponden, como si se estuviera pagando por un servicio, lo que crea malentendidos y conflictos innecesarios. Lamentablemente, incluso se ha llegado al punto de distraer a los niños durante el proceso, sin considerar que ni ellos ni nosotros, como familias, tenemos un compromiso formal con esas instituciones.

Además, es importante mencionar que este tema no solo afecta a las familias homeschoolers, sino también a los mismos docentes que participan en el proceso. Muchos de ellos enfrentan dudas y dificultades debido a la falta de claridad y consistencia en la información que el propio MINEDUC proporciona. Estas irregularidades y vacíos generan confusión para ambas partes, evidenciando la necesidad urgente de un sistema más organizado, empático y eficiente que facilite el proceso para todos los involucrados.

Es importante recordar que los profesores no solo cumplen un rol académico, sino que también aportan de sus propios recursos para crear un ambiente acogedor en sus aulas. Decoran, compran materiales y se esmeran por ofrecer un espacio que motive a sus alumnos, tanto al inicio como al cierre del ciclo escolar. Sin embargo, esta dedicación no siempre es valorada, y el sistema educativo, lejos de apoyarlos, muchas veces los sobrecarga de trabajo, lo que termina afectando su salud y su moral.

El peso que cargan los profesores no es solo logístico o económico. En muchas ocasiones, el colegio se convierte en el único refugio para niños que enfrentan situaciones difíciles en sus hogares. Los docentes se transforman en figuras de apoyo emocional, ofreciendo seguridad y orientación en medio de realidades como la pobreza, el abandono emocional, los divorcios o incluso problemáticas más complejas. Sin embargo, este rol implica una carga emocional significativa, que se suma a las responsabilidades personales que también deben atender en sus propios hogares.

Lo que ya lleva un profesor antes de recibir a nuestros hijos

Y encima: nuestros exámenes libres
Apoyo emocional a niños que no lo tienen en casa
Materiales y decoración de la sala, de su propio bolsillo
Corregir y planificar en sus días de descanso
Tareas administrativas y pedagógicas
Jornadas extensas con sus propios alumnos

Los seis puntos están tomados de los párrafos de arriba, en los términos en que Gabriela los describe. El de más arriba es el único que ponemos nosotros.

A pesar de estas dificultades, muchos profesores siguen entregando lo mejor de sí mismos, esforzándose por ofrecer una educación que, dentro de sus posibilidades, sea significativa y transformadora para sus alumnos. Sin embargo, el sistema educativo actual limita el desarrollo integral de los estudiantes, impidiendo que se atiendan plenamente sus particularidades y necesidades individuales. Por esta razón, como familias homeschoolers, es fundamental que cultivemos empatía y consideración hacia los docentes, recordando que la mayoría de nosotros fuimos parte del sistema educativo tradicional y, probablemente, llevamos en el corazón el recuerdo de uno o más profesores que marcaron positivamente nuestra vida.

Debemos comprender que los exámenes libres representan para los docentes una carga adicional que no les corresponde directamente, y aunque ellos cumplen con esta tarea de manera profesional, su esfuerzo muchas veces pasa inadvertido. La realidad es que los profesores ya enfrentan jornadas extensas, tareas administrativas y pedagógicas, y, en muchos casos, trabajo que deben llevar a casa, dedicando sus días de descanso a corregir, planificar y cumplir con las exigencias del sistema.

Sería ideal un cambio radical en el sistema educativo, uno que realmente valore y respalde el rol de los profesores, reconociendo el impacto positivo que tienen en la vida de muchos niños. Sin embargo, somos conscientes de que estos cambios son complejos y no sucederán de un día para otro. Por ello, como padres que educamos en casa, tenemos una oportunidad única de actuar con empatía y respeto, reflejando los valores que deseamos inculcar en nuestros hijos.

Desde mi experiencia personal, como hija de una profesora de enseñanza básica y habiendo trabajado en colegios, puedo dar fe de la dedicación y el sacrificio que muchos docentes ponen en su labor. He visto cómo enfrentan realidades difíciles, cómo se convierten en mentores y consejeros para niños que encuentran en ellos un apoyo que no tienen en sus propios hogares. He visto cómo profesores y asistentes de la educación incluso han comprado zapatillas a algún alumno, o el uniforme o sus útiles escolares. Sin embargo, esta labor tiene un costo emocional elevado, especialmente cuando el sistema no les brinda las herramientas ni el respaldo necesario. Gabriela

La empatía es el puente que nos permite entender el esfuerzo silencioso de estos docentes: detrás de cada aula decorada con cariño, de cada actividad cuidadosamente planificada y de cada examen corregido con esmero, hay un profesor que da más de lo que el sistema le exige.

Como cristianos, somos llamados a ser sal y luz, a actuar con amor y gracia incluso en situaciones difíciles. Este llamado incluye valorar la labor de los profesores, comprender sus límites y reconocer su esfuerzo.

Aunque defendemos y promovemos el homeschooling, somos conscientes de que los colegios seguirán existiendo y de que desempeñan un papel importante en la sociedad. Por eso, una de las mejores formas de destacar las ventajas de la educación en casa es actuando con respeto y empatía. Al mostrar comprensión hacia las dificultades que enfrentan los profesores, especialmente en el proceso de exámenes libres, podemos construir puentes y abrir la puerta para que más personas consideren el homeschooling como una opción válida y positiva.

Un trato empático hacia los docentes no solo facilita su labor, sino que también mejora la percepción del homeschooling, ayudando a que sea visto como una alternativa seria y respetuosa. Al final, somos testigos de un Dios soberano que nos llama a amar a nuestro prójimo y actuar con gracia en todas las áreas de nuestra vida. Reflejemos esa gracia en nuestras palabras, actitudes y acciones hacia aquellos que, desde otro ámbito educativo, también trabajan por el bienestar de muchos niños. Esto no quiere decir que no hagamos valer nuestros derechos o tomemos las medidas que corresponden frente a alguna situación injusta, pero sí implica que lo hagamos con respeto, sabiduría y empatía, recordando que nuestra actitud puede ser un testimonio poderoso de los valores que profesamos. Al mostrar comprensión y consideración hacia los docentes, damos ejemplo a nuestros hijos de cómo vivir en armonía con los demás, incluso en medio de diferencias.

En última instancia, cada interacción es una oportunidad para ser luz en medio de las dificultades, dejando en claro que el amor y la gracia son herramientas fundamentales para transformar nuestras relaciones y, con ello, el mundo que nos rodea.

Si el trámite te tiene a maltraer

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